Cuando las redes sociales nos deshumanizan

Me considero un firme defensor de las redes sociales. Creo en su potencial para unir personas, mostrar en directo sucesos relevantes y difundir en minutos conocimientos que, de no ser por estas plataformas, muchas veces quedarían ocultos o tardarían en llegar a cada uno de los rincones del planeta donde existe un Internet libre.
Sí, creo que las redes sociales tienen más cosas buenas que malas. Lo mismo pienso de la sociedad. Sin embargo, en el mundo real, es cierto que también hay personas cuyos comportamientos son más que reprochables ética y judicialmente, y por ello no podemos esperar que en las redes, que son un reflejo viral de la sociedad, todo sea bonito.

Esto no ocurre porque las redes sociales sean perjudiciales, sino más bien porque algunos usuarios las utilizan para hacer valer lo que ellos mal llaman “libertad de expresión” pero, a la vez, olvidando las libertades y derechos que tenemos el resto de personas. Sin embargo, las redes sociales no están para eso.
Como los antiguos foros de Grecia, donde los ciudadanos se reunían a deliberar decisiones, las redes sociales se han presentado como un perfecto escenario donde practicar el debate, poner en común opiniones y, sobre todo, aprender. No se puede pretender mostrar nuestra opinión, que deja de ser privada, y no estar dispuestos a escuchar la del resto, no en Twitter o en Facebook.

¿Se imaginan salir a la calle con un altavoz y dar su opinión sobre ciertos temas? Seguramente alguien podría decir “yo no estoy de acuerdo”. Para quienes aún no lo tienen claro, esto son, exactamente, las redes sociales: un espacio público donde las palabras poseen un valor, una repercusión y en el que cada uno es esclavo de lo que dice.
De hecho, quizás lo que las redes sociales están ocasionando es que seamos cada vez más responsables de lo que decimos, aunque no seamos conscientes. Porque sí, lo que se dice tiene unas consecuencias que pueden afectar a nuestra vida personal o profesional.
La muerte de una persona es siempre un suceso triste. No importa su condición o dedicación, la muerte nunca tiene justificación, salvo la que nos impone la naturaleza. Alegrarse por la muerte de otro nos resta valor como personas. Pero, además, tiene unas consecuencias penales según los términos en los que nos expresemos. Para muestra estas tres historias: Un año de prisión para una tuitera que se burló de Irene Villa y Miguel Ángel Blanco, La Audiencia Nacional manda al banquillo al concejal de Madrid Guillermo Zapatay La Fiscalía investiga si los tuits contra el torero Barrio son constitutivos de delito.

Estas noticias que han aparecido en diferentes medios de comunicación en apenas cuarenta y ocho horas muestran cómo los tribunales aplican las leyes también en el entorno 3.0. Porque somos responsables de nuestros actos y las redes sociales no nos valen para lanzar la piedra y esconder la mano.
No lo digo yo, lo dicen sentencias como esta: «La expresión, y en concreto la palabra, puede lesionar bienes jurídicos esenciales para una sociedad, y por ello este tipo de delitos que pueden cometerse abusando de la libertad de expresión se encuentran dispersos por diferentes capítulos del Código Penal en función del bien jurídico al que afecten (…) a nadie le puede caber duda de que la libertad de expresión es un derecho fundamental de las personas que además ejerce una función social esencial para la democracia, pero no puede ser utilizada para destruir los valores fundamentales de la misma, tales como la tolerancia, la paz social y la no discriminación«.
Al final, todo se resume en no hacer en Internet lo que no haríamos en nuestra vida no virtual, tenemos que aprender a aprovechar la oportunidad que nos brindan las redes sociales para interactuar respetuosamente con los demás usuarios, fomentar el debate crítico y colaborar en un espacio virtual que se nos cede para participar democráticamente. Cuidemos las redes sociales y no permitamos que nos deshumanicen.

¿Por qué me iban a robar a mí los datos?

En este tiempo que llevamos trabajando en el ámbito de la prevención sobre el buen uso de las TIC, ¿Por qué me iban a robar a mí mis datos personales? es una de las principales preguntas que creemos que podría hacerse cualquier usuario de redes sociales e Internet en general, una de las causas por las que no solemos prestarle atención a todos esos «ciberconsejos» como cambiar las contraseñas habitualmente, no meterse en wifis públicas, no subir imágenes con poca ropa, configurar bien nuestra privacidad, etc.
Quizás esta indiferencia devenga de no conocer realmente las consecuencias de las mismas y de pensar que a nosotros no tiene por qué pasarnos. Y es que es evidente que, aún sabiendo la facilidad de divulgación de contenido por la Red a nivel mundial, parece no importarnos.
Pues bien, empecemos con el tema de las posibles consecuencias negativas que podría tener nuestra exposición en la Red:
¿Sabías que si te roban tus datos personales pueden usarlos para cometer ciberdelitos y tú ni siquiera enterarte de ello? ¿Y qué hacemos? Cierto es que los datos son virtuales, pero las consecuencias pueden ser muy reales. La inspectora Silvia Barrera, de la Unidad de Delitos Telemáticos, publicó un post recientemente donde nos contaba qué debíamos hacer si nos citan a declarar sobre un ciberdelito que no hemos cometido (Artículo de referencia sobre «Cómo actuar cuando te citan por un delito en la red que no has cometido»). En resumen, si expones tus datos en la Red y no tienes la suficiente privacidad de los mismos, los podría utilizar cualquier persona para hacerse pasar por ti y cometer ciberdelitos. Y no es broma, una de las consecuencias puede ser acabar en prisión.
Otra consecuencia negativa que podemos sufrir si no tenemos cuidado con nuestra privacidad es la que nos trae este vídeo (link: https://www.youtube.com/watch?v=YrtBw_CoA-I) que más allá de las consecuencias nefastas que puede conllevar el practicar sexting (enviar imágenes subidas de tono) muestra cómo de una imagen que parece inofensiva, se utiliza para otro fin, una situación que puede que se nos vaya de las manos y no sepamos cómo actuar.
Como nos comentó Silvia Barrera en la entrevista que mantuvimos con ella, la mayoría de los ciberdelitos se producen por ignorancia, y aunque estos solo sean dos ejemplos, a día de hoy son multitud los que se están produciendo y además se están multiplicando.
La segunda cuestión que aquí se trata es sobre la indiferencia producida por el pensamiento predeterminado que tenemos sobre «a mí no me va a pasar».
Para desmontar esta premisa, queremos destacar que realizamos un estudio en los meses de noviembre y diciembre, y podemos afirmar que en el 90% de las personas encuestadas afirmaban que conocían a alguien que había sido víctima de un ciberdelito. Así pues, se pone de manifiesto que en el entorno cercano de cualquiera de nosotros existen estos ciberproblemas y, por tanto, nosotros podemos ser los siguientes, (sí, a ti también te puede tocar).
Por todo esto, queremos reconocer la necesidad de concienciar sobre el problema, que está en nuestra mano protegernos de ciberataques o delitos hacia nuestra persona y que poniendo un poco más de atención en nuestra privacidad y lo que queremos que se sepa de nosotros, podemos reducir el riesgo de padecerlos, y en caso de sufrirlos, saber qué debemos hacer y con qué recursos contamos para solucionarlo.

EDUCACIÓN TECNOLÓGICA: UN RETO CONSTANTE.


¿No sabes cómo trabajar con tus alumnos los recursos tecnológicos? ¿Tienes miedo a crear un conflicto con tus hijos al intentar hablarles sobre los riesgos de las redes sociales? Cada vez son más las instituciones y profesionales que piden una formación institucional para prevenir los peligros de un mal uso de las tecnologías, como recoge este artículo: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-padres-no-explican-riesgos-redes-sociales-hijos-evitar-conflicto-ellos-201601122058_noticia.html
Aunque las leyes educativas ya vienen apuntando la necesidad (obligatoria) de implementar recursos tecnológicos en las aulas y trabajar la competencia tecnológica de los estudiantes, son pocos los docentes que se han formado para saber cómo transmitir a sus alumnos un uso de las nuevas tecnologías que repercuta de manera positiva en el aprendizaje. Y hablamos de unas tecnologías que cada vez son más numerosas en el ámbito educativo (Internet, redes sociales, aplicaciones móviles, plataformas digitales, etc.). Lo mismo pasa en el ámbito familiar y, cada vez con mayor frecuencia, también en el ocio y en las relaciones sociales y laborales.
 Contrasta curiosamente cómo hasta hace bien poco no se podía concebir que un niño realizase una tarea sin supervisión, menos aun cuando era la primera vez que la llevaba a cabo. Ahora, los más jóvenes se ven en una vorágine tecnológica sin nadie les pueda guiar más que nada, por desconocimiento. La formación es, por tanto, indispensable, y TICOCIO surge precisamente como proyecto para dar respuesta a esa necesidad social con el fin de enseñar a enseñar y prevenir los potenciales peligros que pueden surgir (acoso, adicción, desinformaciones, ciberdelincuencia…) sabiendo aprovechar las cosas buenas que nos ofrecen las TIC (democratización cultural, fuente de conocimientos e información, socialización, entretenimiento…). 
Por fortuna, no estamos solos. Hay profesionales y familias que se preocupan por formarse y transmitir sus conocimientos. En la imagen, os dejamos tres publicaciones recomendadas por Esther Arén (TW: @chicageo68), inspectora jefe de la Policía Nacional y responsable de Participación ciudadana de Madrid, sobre prevención Internet y Redes Sociales.